Revista Digital

‘Okinawa, el viento que habla’ de la Segunda Guerra Mundial

Okinawa, el viento que habla de Susumu Higa. Es una ilustración del manga, en la cual se ve a un niño vestido de soldado con gorra, camisa y pantalón pirta caminando por un campo, mientras otros niños corren en dirección contraria

Podemos disfrutar de Okinawa, el viento que habla de Susumu Higa gracias Reservoir Books. Las novelas gráficas (en cualquiera de sus formatos) llevan años tratando de reflejar algunos de los horrores de la historia moderna poniendo en el centro de los relatos a personas concretas o grupos oprimidos. El en caso de esta obra, galardonada con el con el Japan Media Arts Grand Prize que otorga el Ministerio de Cultura de Japón, cuenta diferentes sucesos, relatos, ecos de recuerdos que tuvieron lugar en la isla de Okinawa durante la Segunda Guerra Mundial.

Okinawa, el viento que habla se compone de seis historias breves las cuales tan solo comparten contexto histórico y el devenir de un pueblo utilizado como moneda de cambio por su situación, denostando a sus habitantes, su cultura y sistema de creencias. El arte de Susumu Higa posee un estilo de manga más clásico, que recuerda un poco al de los bocetos de los estudios Ghibli: rasgos muy simplificados —pero expresivos—, muchas texturas y líneas más bien redondeadas. Su lenguaje visual es directo, puesto que no apoya la historia en demasiados recursos poéticos. Además, los diálogos le otorgan naturalidad y emoción.

Desde mi punto de vista, Okinawa, el viento que habla se presenta como una obra que atrapa y plasma esos relatos que todavía sobrevuelan la isla japonesa. Ello conlleva una sensibilidad y un exhaustivo proceso de documentación para con la situación de la isla: la colonización japonesa en el siglo XIX, los abusos llevados a cabo por el ejército japonés en la Segunda Guerra Mundial (no se les consideran tan importantes como a los habitantes de la isla principal), el impacto de la llegada y estancia de las tropas estadounidenses, y el idioma okiwanense. En estos elementos radican la belleza del manga, pues el maniqueísmo no puede definir una vivencia, pues el enemigo pasa a ser todo aquello que atenta contra la vida, y el aliado es quien lucha por las personas, su supervivencia y libertad.

Se ha tendido a comparar, durante su promoción, a Okinawa, el viento que habla con otras como Hierba, Persépolis o Pies descalzos y para mí esto no es un gran acierto, pues las expectativas pueden jugar malas pasadas. Es preciso tener en cuenta que los estilos, recursos y la cultura son muy diferentes, pese a poderlos enmarcar en un género similar. Personalmente, Okinawa, el viento que habla me ha parecido una gran obra, más al descubrir su inspiración creativa: El Guernica de Picasso. El blanco y negro, junto con la composición de las viñetas crea emociones de desasosiego, de enfado y respeto por un pueblo víctima de las consecuencias de las disputas de poder. Es una obra de aspecto sencillo, cuya intencionalidad es delicada, definida y directa para contar una Historia compuesta de muchas historias que no deben perecer en el olvido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La Huella Digital
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que pueda ofrecerle la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en su navegador y realiza funciones tales como reconocerle cuando vuelve a esta web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentra más interesantes y útiles.