
Antonio Colinas (La Bañeza, 1946-) publicó Sepulcro en Tarquinia en 1975 (Diputación Provincial de León, colección de poesía de la Institución «Fray Bernardino de Sahagún», CSIC). Su éxito fue inmediato: recibió numerosas reseñas en periódicos de tirada nacional, le fue otorgado el Premio Nacional de la Crítica y se reeditó al año siguiente en Lumen (colección «El Bardo»). Cincuenta años después, la editorial Siruela ha reeditado la obra íntegra en un cuidado volumen.
Colinas había ya publicado tres poemarios previos antes de este y ha continuado escribiendo muchos más, incluyendo varios libros de relatos y de ensayo sobre las tierras donde ha vivido o le han marcado (El Grand Tour; Salamanca, el laberinto abierto; Viaje a los monasterios de España; La simiente enterrada: Un viaje a China…) y traducciones de autores italianos (Giacomo Leopardi, Salvatore Quasimodo). En 2016 se publicó su libro de memorias, Memorias del estanque (Siruela, 2016).
Esta edición, con su bello diseño de cubierta y la atención al detalle propia de la editorial Siruela, va precedida de un estudio de Isabella Tomassetti que resume muy bien la trayectoria e importancia de la obra; luego va seguido de un estudio crítico del profesor Vicenç Beltrán (véase el Boletín de la Real Academia Española, 102/326, 2022). Cierra un pequeño epílogo del propio autor (“Lo que debo decir”).
Es indiscutible la calidad de los versos de Colinas, especialmente en las dos primeras partes de las cuatro que componen el poemario, la “italiana”, que han sido la más reeditada.
Con un toque culturalista, neosimbolista e irracional en ocasiones, sus largos versos —alejandrinos, endecasílabos— forman un “andamiaje métrico-prosódico y estilístico” que ha caracterizado su voz poética posterior: armonía, musicalidad, sensibilidad y la búsqueda de una reflexión ante el tiempo y el existir, donde la naturaleza tiene un papel importante: “trae música el silencio de la piedra”, “un silencio de piedra [que] va y conmueve / los ramos de la noche”.
Los primeros versos de Sepulcro en Tarquinia evocan la Italia más clásica —Bérgamo, Florencia, Sirmione— uniéndola a la experiencia personal del autor (el libro se escribió entre 1971-1974, cuando llegó a Milán como profesor invitado y lector de español); en las dos últimas partes del poemario, ya retornado, el poeta se recluye a su tierra natal, los montes galaico-leoneses, donde los romanos estuvieron, pero mucho tiempo atrás, hasta casi hacer perder sus nombres latinos de la Castra Petavonium.

Quien desee leer más de Antonio Colinas puede consultar la web oficial del autor, https://antoniocolinas.com/, escuchar la conferencia que dio en la Fundación Juan March en 2004 o escuchar el libro-CD publicado por Visor en 2005. Sus otros poemarios y este mismo están recogidos en la Obra poética completa (1967-2010) publicada por la misma Siruela.
Un último dato en este año —ya pasado— de su 50 aniversario: sobre Sepulcro en Tarquinia se ha realizado también un poema coral sinfónico por el compositor Juan Carlos Ramos, que fue estrenado en el Teatro Municipal de La Bañeza y puede escucharse en YouTube (el libro proporciona en su última página el enlace). Recomendamos ambos: disfruten de su lectura y su escucha.
